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AMARANTO, ANTÍDOTO PARA LA POBREZA Y LA DEGRADACIÓN AMBIENTAL, EXPERIENCIA EXITOSA DE ALTERNATIVAS Y QUALI

AMARANTO, ANTÍDOTO PARA LA POBREZA Y LA DEGRADACIÓN AMBIENTAL, EXPERIENCIA EXITOSA DE ALTERNATIVAS Y QUALI AMARANTO, ANTÍDOTO PARA LA POBREZA Y LA DEGRADACIÓN AMBIENTAL, EXPERIENCIA EXITOSA DE ALTERNATIVAS Y QUALI AMARANTO, ANTÍDOTO PARA LA POBREZA Y LA DEGRADACIÓN AMBIENTAL, EXPERIENCIA EXITOSA DE ALTERNATIVAS Y QUALI
Publicación en línea:

http://www.jornada.unam.mx/2017/02/18/cam-pobreza.html
http://www.jornada.unam.mx/2017/02/18/delcampo.html
Páginas 22 y 23

Puebla

AMARANTO, ANTÍDOTO PARA LA POBREZA Y LA DEGRADACIÓN AMBIENTAL, EXPERIENCIA EXITOSA DE ALTERNATIVAS Y QUALI

Lourdes Rudiño

Esta historia comenzó en 1980, cuando la pareja conformada por Gisela Herrerías Guerra y Raúl Hernández Garciadiego, ella pedagoga y él filósofo, arribó a la región mixteca-popoloca, de Puebla sobre todo, pero también Oaxaca, Tlaxcala y Veracruz, con el anhelo de generar desarrollo y ayudar a los campesinos a mejorar sus condiciones de vida. Llegaron marcados por los conceptos de Paulo Freire y, con ello, con la idea socrática de “sólo sé que no sé nada”, lo cual les permitió escuchar primero a la gente y luego preguntar y volver a escuchar, para, al fin, a partir de planteamientos de los propios campesinos, tomar decisiones que se materializaron en procesos sustentables para preservar el agua y en procesos productivos con el amaranto como protagonista.

Estos procesos pueden observarse en la asociación civil Alternativas y Procesos de Participación Social (www.alternativas.org.mx) y en el Grupo Cooperativo Quali, Alimentos Nutritivos de Amaranto Orgánico (www.quali.com.mx). La primera, que ha impulsado el programa “Agua para Siempre” de regeneración ecológica para retener suelos y agua, favoreciendo al ambiente y su biodiversidad, ha obtenido múltiples reconocimientos nacionales e internacionales, como el Premio Latinoamericano y del Caribe de Agua, el Premio Nacional Agroalimentario (que otorga el Consejo Nacional Agropecuario), el Premio al Mérito Ecológico, el Premio Internacional Slow Food por la Defensa de la Biodiversidad, el Premio Nacional de Solidaridad por Acciones de Combate a la Pobreza, el Premio INAH por Rescate de Tradición Hidroecológica y el Premio por Tecnologías para el Control de la Degradación de Suelos, entre otros.
Y Quali elabora un amplio número de alimentos como harinas, atoles, horchatas, malteadas, barras de amaranto integrales y saborizadas, churritos (o charritos), galletas y otros, todo ello con amaranto cultivado por la Unión de Sembradores de Amaranto, que está formada por mil 88 familias organizadas en 88 cooperativas, de 60 pueblos de 25 municipios de los estados de Puebla, Oaxaca, Tlaxcala y Veracruz. En la producción orgánica participan 400 familias campesinas con 868 hectáreas certificadas, lo que convierte a Quali en el productor de amaranto orgánico más importante de México. Y todos sus alimentos Quali los comercializa por medio de una “Red de aliados” dispersa en todo el país, la cual integra, fundamentalmente, a madres de familia conscientes de la necesidad de brindar a los niños alimentos sanos y rechazar los chatarra; deportistas interesados en fortalecer sus músculos (para lo cual el amaranto es idóneo); profesores y otras personas del ámbito educativo que se han dado cuenta cómo sus alumnos antes eran delgados y ahora tienen sobrepeso e incluso diabetes y buscan corregir la situación; médicos, enfermeras y otras personas del sector salud que tratan de hacer lo mismo que los profesores; personas involucradas en la protección del medio ambiente, y organizaciones de base como iglesias alternativas.

En entrevista, Raúl Hernández recuerda: en 1980 “al hablar con la gente, nos hacían sentir que tenían muchas pérdidas por falta de agua y nos pedían ayuda para perforar pozos, y es que cuando en el verano llega la canícula, con meses sin lluvia, se pierden las cosechas a veces parcialmente y a veces de forma total. Estaban felices con su maíz y frijol, pero les preocupaban sus pérdidas. Así, analizamos la situación y vimos que en estas tierras marginales de las zonas semiáridas el problema no era sólo de falta de agua, sino de falta de nutrientes en el suelo. Sus escasos rendimientos no les iban a ser suficientes para pagar la inversión de un pozo y eso muy pronto los llevaría a abandonar sus cultivos, tal como ha ocurrido en otros proyectos que conocemos”.
Fue entonces cuando Gisela y Raúl –que hoy siguen juntos y, dice él, con el mismo compromiso ético– exploraron la posibilidad de impulsar una reconversión de cultivos a colecitas de Bruselas, que tenían y tienen una demanda fuerte y buen precio. “Pero nos cuestionamos si era lo correcto sacar a los campesinos de sus cultivos tradicionales, basados en la cultura de nuestro campo, para llevarlos a una agricultura moderna, y decidimos que no. Eso nos llevó a buscar un cultivo complementario que pudiera ser rentable sin que sustituyera al maíz y al frijol”.
Raúl recibió consejos de una amiga de que sembrara amaranto, pero lo que hizo que finalmente apostara por este minigrano de orígenes prehispánicos fue el mirar, en el Museo de Antropología e
Historia, en la Sala de Orígenes, “una foto preciosa de un amaranto, que decía: ‘Amaranto de Tehuacán’. Esto me impactó muchísimo. Me pregunté: ‘¿Cómo es que acá lo reconocen y allá lo abandonamos?’ El amaranto tiene su origen en Puebla, y sin embargo ya había desaparecido totalmente de esta región. Todo esto me llevó a documentarme y educarme sobre el amaranto. Y conocer su resistencia a la sequía, pues en ese entonces aún no sabía de sus cualidades nutritivas”.
En 1982, con algunas semillas que brindó el doctor Eduardo Espitia Rangel, de una pequeña colección obtenida en distintos lugares, Raúl y Gisela realizaron siembras experimentales y observaron pronto que el amaranto Hypochondriacus aventajaba con mucho a las demás semillas. Eligieron esa para la siembra comercial, la cual inició en 1983, ya con una visión de producción de mayor escala. “La gente lo veía y decía ‘es un quelite’. Nosotros les decíamos ‘sí, pero un quelite especial, pues los quelites son amarantáceas; este amaranto, además de dar las hojas que ustedes van a poder comer como quelites, da un grano con gran variedad nutricional que ustedes van a poder vender. Esa fue la palabra mágica. Me acuerdo que ese año estaba en un dólar la libra de amaranto en grano. Hacíamos las cuentas y decíamos: ‘esto es una fuente de ingreso potencial importante para los campesinos’. Luego descubrimos que había una cantidad de recetas históricas que combinaban el maíz, el frijol y el amaranto. Para entonces ya habíamos leído al doctor Alfredo Sánchez Marroquín, sobre el potencial industrial del amaranto.
Entendíamos ya el potencial económico y agroindustrial, y luego, sobre todo, entendíamos su valor nutritivo”.
En el marco del avance de la siembra de este amaranto, de su industrialización, y de una serie de situaciones que han ocurrido con el paso de los años –como es la invención y desarrollo de maquinaria propia para el campo y la agroindustria de Quali, y también una serie de conflictos que han sabido superar, como el rompimiento de una presa y la crisis financierade 1994–, Raúl y Gisela han generado programas fundamentales para impulsar el desarrollo regional. Además del mencionado “Agua para
Siempre”, generaron el Programa de Nutrición Infantil, el cual, señala un artículo escrito por ellos dos, “ha desarrollado una metodología para rescatar a miles de niños de la desnutrición que padecían, mediante una intervención de menos de un año de duración en cada cohorte, consistente en la provisión de alimentos nutritivos y balanceados, junto con la habilitación de las personas para adoptar prácticas higiénicas en la preparación y consumo de los alimentos en una dieta equilibrada, así como la creación de capacidades de producción de alimentos en cada familia”. En este programa el amaranto ha tenido por supuesto un papel definitivo, y se complementa con el plato del bien comer.
Asimismo, establecieron el Museo del Agua “Agua para Siempre”, que, dicen “hace visible y palpable el enfoque educativo que ha impregnado la promoción de la participación organizada de las familias y grupos en el trabajo para emprender los proyectos que les permiten enfrentar y superar sus carencias”. El museo, señala Raúl Hernández, cuenta con dos grandes salas: “la primera está dedicada a la regeneración ecológica para tener agua (agua suelo y vegetación) y la segunda sala decidimos dedicarla a la recuperación de la historia de la alimentación, partiendo de los descubrimientos del equipo del doctor Richard MacNeish, que encontró en las cuevas de Coxcatlán, Puebla, toda la evolución del maíz mesoamericano ininterrumpida”.

Hernández Garciadiego afirma que la experiencia que han generado a partir del amaranto ha logrado incidir en las principales causas que impactan en la vida de las familias pobres de la región mixteca-popoloca. “Sufrían de falta de agua, y ahora en todos los pueblos donde trabajamos, que implican 25 municipios, ya tienen agua y tienen agua limpia y la tienen en su casa con red, no la tienen que acarrear. Esto ha transformado la vida de las mujeres, que antes estaban esclavizadas a conseguir y acarrear el agua. Y ha impactado en el bienestar de los niños pues ayudaban a acarrear y por ello no asistían a la escuela o lo hacían parcialmente. Otra área de impacto es la disponibilidad de alimentos, pues cada vez que vamos a un nuevo pueblo, hacemos la medición de los niños, de su peso y talla […] y vemos que se ha superado la desnutrición infantil en 89 por ciento de los casos. Y en el ámbito de la seguridad económica, el ingreso que tienen las familias asegurado por la venta del amaranto a precio justo y pactado desde antes de la siembra ha sido muy positivo. Actualmente se paga el amaranto a 21 pesos el kilo”. En promedio, los productores tienen cuatro hectáreas cada uno, y de ellas casi una se siembra de amaranto orgánico.